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Lo trae el verano
"Su sonrisa, congelada, me invitaba a besarle Mikoñor Cómelo muuuuy frío" Ante mi, el reclamo publicitaro del verano. Sabroso y cremoso helado que se derrite lentamente en tu paladar. He de reconocer que no me gusta el dulce en exceso; sin embargo, el helado enfría poco más que mi boca y calienta más allá de lo permitido.
Hubo un después; la provocación de Marta quiso ir más allá, y acometer la primera clase teórico práctica...Como ella me dijo: "Empecemos por el principio...
- "...muchas mujeres no están contentas con su cuerpo. Incluso a las mujeres más imponentes les inquieta no ser atractivas y se preocupan por gustar en la cama. Imparte seguridad. Dile que es bella, resaltando lo que más te gusta de ella. No mientas descaradamente, no se trata sólo de halagar. Buscas que confíe en ti lo suficiente como para dejarte jugar entre sus piernas. Acaríciale, no tengas prisa, detente y mira lo que tienes ante ti. Es bonito, verdad? No hay nada que le haga más única a una mujer que su pubis. Diferentes formas, texturas, tamaños y tonalidades... Cerrados, como en la pubertad; con labios gruesos y seductores que parecen ofrecerse en una cálida acogida; cepillos enmarañados, o desnudos recubiertos de una pelusa semitransparente... Aprecia las cualidades únicas de la mujer que tienes a tu lado, y dile qué le hace especial a tus ojos. A las mujeres les gusta disfrutar del sexo con todos los sentidos. Unas palabras susurradas al oido pueden ser el aliño perfecto que desate su excitación y les ayude a mostrarse más receptivas y menos pasivas. Háblale mientras rozas sutilmente su entrepierna. Describe su vulva mientras separas suavemente sus labios y observa esa flor semiabierta. Saboréala si te apetece mientras localizas ese manantial de placer femenino. El clítoris es como una perla, acarícialo, descubre su forma. No lo hagas de cualquier manera, cuida el terreno. Humedece tus dedos con saliva, aprovecha sus jugos internos, juega con cremas o algún manjar apetitoso. -¿helado, quizá?-. Despacio, trabaja al tiempo que notas in crescendo su excitación. Aprovecha las sensaciones que se presentan al palpar la parte interna del muslo. Chúpa, bésa, dibuja acuarelas con la punta de tu lengua y acércate de nuevo al punto de inicio. Anticípate a sus deseos. Que no pueda resistirse a tu invitación... siente que como se deja llevar por tu baile. Prueba ritmos diferentes... suave, fuerte... distingue con tu lengua sus labios exteriores y muévela de arriba a abajo entre sus carnosas capas de pulpa. Separa sus piernas con tus manos y hazte dueña de su dominio. En esta cena hay que comer despacio... comprueba la dureza de su clítoris, siente su erección. Si no pudes sentirlo no desesperes y juega con la piel que lo cubre. Te está esperando, nota su presencia. Recréate con su sabor. Lame con intensidad, presiona su piel. Provoca el estrecimiento de sus piernas. Cuando sientas que esta alcanzando el orgasmo pon tus labios en forma de O y succiona suavemente su clítoris con tu boca. No dejes de observar sus reacciones y, si puede soportarlo, incrementa la intensidad de tus movimientos hasta que la tensión de un orgasmo cercano le obligue a ejecutar actos reflejos, como alzar la pelvis en el aire. Acompáñala en el baile, no pelees. Mantente paciente a su lado. No dejes de ofrecerle el calor de tu aliento, persevera. Evita precipitarte adelantando en final de tu actuación. Probablemente ella también suplique que no te detengas, y si todavía te atreves a intensificar su placer, da protagonismo a tus manos a turnos con tu lengua, recréate con ese otro área extremadamente sensible que es la azotea de su vagina. Un dedo es poco y tres son demasiados. Utiliza dos para obtener un grosor placentero - déjate guiar por sus preferencias- . Humedécelos para no irritarle la piel y deslízalos lentamente en su interior. Muévelos al ritmo de su súplica. Acelera sólo cuando ella lo haga. Escucha su respiración; ella te permitirá saber qué debes hacer. Aprende a reconocer las reacciones de tu pareja. Todas somos diferentes... temblores, enrojecimientos, cuerpos tensos, piel endurecida... Y para terminar, un último consejo: después de haberla llevado a lo más alto, no le dejes sola. Háblale, acaricia su pecho y su cuerpo con delicadeza, continua haciéndole el amor suavemente hasta que se haya calmado. Una mujer, por naturaleza, requiere alguna sensibilidad de su amante en los primeros momentos después del sexo.
Marta acertó de lleno con sus enseñanzas, si quieres sumar las mías: Tómate tu tiempo, practica a menudo, presta atención a las reacciones de tu amante y sobre todo, diviértete!!!!
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Margarita
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